Di “terroir” con la boca grande


Cuando hablamos del “terroir” de un vino, normalmente se nos llena la boca, lo decimos con la boca grande.

Terroir es una palabra que impone, cuando un profesional la nombra al hablar de un vino, casi se le ponen los pelos de punta, se emociona y nos dice que eso de lo que nos habla, el terroir y todo lo que comporta, lo vamos a encontrar en el vino, pero… ¿sabes que es el terroir?

La definición de terroir puedes encontrarla fácilmente en la Wikipedia o en muchos libros de vino, podríamos resumirlo en que es la definición concreta de un clima, horas de sol, pluviometría, orientación del suelo, geología del suelo, tipología de la vid, altitud de la viña, edad del viñedo… incluso podemos diferenciar terroirs en una misma zona, como pasa por ejemplo en la muy admirada y respetada Borgoña.

Personalmente y desde mi experiencia, mis visitas a bodegas de casi todo el mundo -todavía me queda muchísimo por ver- y mis interminables preguntas y catas, os diré que para mi, la parte más importante de un terroir son las personas. Es tal la implicación que tiene el hombre, la mujer viticultora sobre la tierra, que dependiendo de cómo la trabajen y las decisiones que tomen, modificarán o, mejor dicho, interpretarán el terroir de maneras muy diferentes que sí o sí, se verán reflejadas en el vino.

Por eso cuando yo hablo de terroir con la boca grande, sobre todo, hablo de personas.

 

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